El corazón que pasa de mano en mano

Una dinámica para ayudar a niñas y niños a reconocer y expresar lo que sienten, mientras descubren el valor de escuchar sin juzgar ni intentar resolverlo todo. Un sencillo corazón se convierte en un símbolo de confianza, empatía y cuidado colectivo

RECURSOS

José Reyes Olvera

8/29/20263 min read

DINÁMICA:

Propósito: reconocer emociones, practicar la escucha y descubrir que lo que sentimos también puede ser compartido con otros.

Material: un corazón del tamaño de un puño, puede ser de crochet u otro tipo de materiales.

1. El corazón llega al grupo — 2 minutos

Los niños están sentados en círculo.

Tú colocas el corazón en el centro y preguntas:

¿Qué creen que podría pasar si este corazón pudiera hablar?

Escuchas algunas respuestas, sin corregirlas.

Después dices:

“Hoy no vamos a imaginar que este corazón tiene sentimientos, vamos a hacer algo diferente: vamos a prestarle por un momento nuestros sentimientos.”

2. El corazón circula — 7 minutos

Pasas el corazón a un niño.

La consigna es muy sencilla:

“Cuando tengas el corazón, puedes compartir algo que hoy quieras poner dentro de él.”

Puede ser:

- Algo que te hizo feliz

- Algo que te preocupa

- Algo que agradeces

- Algo que necesitas

- Algo que te gustaría decirle a alguien

- O simplemente una palabra que describa cómo te sientes.

Pero hay una regla preciosa:

Quien recibe el corazón no tiene que responder ni aconsejar, SOLAMENTE ESCUCHA.

Después de hablar, pasa el corazón a otro compañero.

Y puedes introducir una segunda frase:

“Lo que alguien comparte con el corazón no se juzga; se cuida.”

Eso convierte al corazón en un objeto de cuidado colectivo.

3. Una pequeña transformación — 3 minutos

Cuando el corazón haya pasado por varias manos, lo colocas nuevamente en el centro.

Preguntas:

- ¿Es el mismo corazón que teníamos al principio?

Probablemente dirán que sí.

Entonces preguntas:

- ¿Y creen que ahora significa lo mismo? ¿Qué tiene ahora que antes no tenía?

Aquí aparece algo muy bonito: el corazón ya no es solamente un objeto de crochet. Se ha convertido en un símbolo de las historias, emociones y palabras del grupo.

4. Cierre — 3 minutos

Tomas el corazón y dices:

“Este corazón no puede resolver nuestros problemas. Tampoco puede hacer desaparecer nuestras emociones. Pero hoy nos recordó algo importante: a veces no necesitamos que alguien nos arregle lo que sentimos; necesitamos que alguien nos escuche y lo cuide con nosotros.”

Y cierras con una pregunta:

- ¿Qué podemos hacer para que nuestro salón sea un lugar donde las personas puedan sentirse seguras para hablar de lo que sienten?

VARIANTE: Te presto mi corazón

Esta puede funcionar extraordinariamente bien con docentes y con niños.

El corazón circula y quien lo recibe completa:

“Hoy te presto mi corazón para decirte que…”

Y puede continuar:

“…estoy agradecido por…”

“…me siento orgulloso de…”

“…me preocupa…”

“…necesito…”

“…me gustaría…”

“…quiero que los demás sepan que…”

Aquí el corazón representa algo muy concreto:

“Te permito entrar, por un momento, en una parte de mi mundo.”

Para docentes incluso puedes hacer una segunda ronda:

“Hoy te presto mi corazón docente para decirte que…”

Y pueden aparecer respuestas como:

“…a veces también me canso.”

“…hay niños que me preocupan.”

“…me siento orgulloso de mi grupo.”

“…necesito aprender a escuchar mejor.”

“…hay días en que no sé qué hacer.”

Eso puede generar una experiencia socioemocional muy profunda entre adultos.

Y UNA TERCERA POSIBILIDAD: El corazón que necesita…

Esta sería todavía más didáctica para niños pequeños.

Quien recibe el corazón completa:

“Cuando estoy triste, mi corazón necesita…”

El siguiente:

“Cuando tengo miedo, mi corazón necesita…”

Otro:

“Cuando estoy enojado, mi corazón necesita…”

Otro:

“Cuando estoy feliz, mi corazón necesita…”

Y finalmente:

“Cuando alguien que quiero está triste, mi corazón puede…”

Esta última pregunta introduce empatía, porque desplaza la atención de “¿qué necesito yo?” hacia “¿qué puedo hacer por otro?”