La imaginación moral: aprender a ponerse en el lugar del otro
Una reflexión sobre la imaginación moral, la empatía, la literatura y la capacidad de comprender otras perspectivas
José Reyes Olvera
8/29/2026


Una pregunta para comenzar: ¿Es posible construir la paz sin imaginar cómo vive, siente y piensa otra persona?
Una de las capacidades más extraordinarias del ser humano es la imaginación, gracias a ella podemos recordar el pasado, anticipar el futuro y crear mundos que todavía no existen. Pero existe una forma de imaginación especialmente importante para la convivencia: la imaginación moral
La imaginación moral consiste en la capacidad de salir, por un momento, de nuestra propia perspectiva para intentar comprender la experiencia de otra persona. No significa pensar igual, tampoco implica justificar sus acciones. Significa hacer un esfuerzo sincero por responder una pregunta profundamente humana:
¿Cómo se verá el mundo desde sus ojos?
Esta pregunta transforma nuestra manera de convivir. Cuando únicamente observamos la realidad desde nuestro propio punto de vista, los conflictos parecen muy simples, creemos que nuestras razones son evidentes y que quienes piensan distinto simplemente están equivocados.
Sin embargo, cuando intentamos comprender la historia del otro, descubrimos una realidad mucho más compleja. Aparecen experiencias que desconocíamos, miedos que nunca habíamos imaginado, esperanzas que no eran visibles.
La comprensión comienza donde termina la indiferencia. La literatura ha sido, desde siempre, una escuela de imaginación moral.
Cada novela, cada cuento y cada poema nos permite habitar durante un momento la vida de alguien más.
Leemos sobre personas muy distintas a nosotros, compartimos sus dudas, celebramos sus alegrías, sufrimos con sus pérdidas. Y, casi sin darnos cuenta, ampliamos nuestra capacidad de comprender, por eso la lectura también educa para la paz. No solo desarrolla el lenguaje, desarrolla la humanidad.
La Filosofía para Niñas, Niños y Jóvenes comparte esta convicción. Las novelas filosóficas de Matthew Lipman y de Ann Margaret Sharp no ofrecen respuestas definitivas. Presentan personajes que enfrentan problemas, dialogan, se equivocan, cambian de opinión y buscan comprenderse mutuamente.
Quien participa en una comunidad de indagación aprende a escuchar otras voces antes de defender la propia, descubre que ninguna experiencia agota la realidad, que cada persona observa el mundo desde una historia distinta.
Esta actitud resulta indispensable para la construcción de paz. Muchas formas de violencia nacen cuando dejamos de imaginar la vida del otro, cuando una persona deja de ver un rostro y solo ve una etiqueta, cuando deja de escuchar una historia y solo escucha un prejuicio.
La imaginación moral rompe ese círculo, nos recuerda que detrás de cada conducta existe una vida que todavía no conocemos por completo.
John Paul Lederach afirma que construir la paz requiere precisamente esta capacidad de imaginar relaciones nuevas donde antes solo parecía existir enemistad.
La paz comienza cuando somos capaces de pensar: "Quizá exista otra manera de encontrarnos." Esa posibilidad nace primero en la imaginación y después en la acción.
La escuela puede cultivar diariamente esta capacidad.
Cada conversación, cada lectura, cada obra de teatro, cada relato compartido, cada comunidad de indagación constituye una oportunidad para ampliar nuestra mirada. No se trata de abandonar nuestras convicciones, se trata de enriquecerlas comprendiendo que el mundo es más amplio que nuestra experiencia personal.
Educar la imaginación moral también significa enseñar a hacer preguntas diferentes, no solamente: ¿Quién tiene razón?
Sino también:
¿Qué estará viviendo esta persona?
¿Qué historia explica su manera de actuar?
¿Qué puedo aprender de su experiencia?
Estas preguntas no resuelven automáticamente los conflictos, pero cambian la forma en que nos acercamos a ellos. Y eso ya representa un paso enorme hacia la paz.
Quizá la humanidad avance cada vez que una persona logra mirar el mundo desde los ojos de otra sin dejar de ser ella misma, porque comprender no significa desaparecer, significa ampliar nuestra propia humanidad. Tal vez esa sea una de las tareas más profundas de la educación: Ayudar a que niñas, niños, jóvenes y personas adultas desarrollen la capacidad de imaginar una vida distinta de la propia. Solo entonces podrán construir comunidades donde todas las voces encuentren un lugar.
Y solo comunidades capaces de imaginar juntas un futuro diferente podrán convertir la paz en una realidad cotidiana.
Preguntas para seguir pensando
¿Qué es la imaginación moral y por qué resulta importante para la construcción de paz?
¿Qué diferencia existe entre comprender a una persona y justificar sus acciones?
¿Cómo contribuyen la literatura y las historias al desarrollo de la empatía?
¿Qué experiencias escolares fortalecen la capacidad de ponerse en el lugar del otro?
¿Qué papel desempeña la imaginación en la transformación de los conflictos?
¿Qué persona te ayudó alguna vez a mirar el mundo desde una perspectiva diferente?
Una invitación a la práctica
Elige un cuento, una novela breve o una película que presente un conflicto humano significativo.
Después dialoga con un grupo utilizando preguntas como estas:
¿Qué siente cada personaje?
¿Qué razones explican sus decisiones?
¿Qué prejuicios aparecen en la historia?
¿Qué alternativas distintas pudieron haberse construido?
¿Qué aprendemos sobre nosotros mismos al comprender a estos personajes?
Concluyan escribiendo una frase que complete esta idea:
"Construir la paz comienza cuando soy capaz de…"


