¿Por qué decidí ser maestro?

Una pregunta para volver al origen de la vocación docente y recordar aquello que un día nos llevó a elegir enseñar. Una reflexión semanal para detenernos, mirar nuestro camino y preguntarnos si lo que hacemos cada día sigue honrando ese propósito

LA PREGUNTA DE LA SEMANA

José Reyes Olvera

8/29/20262 min read

¿POR QUÉ DECIDÍ SER MAESTRO?

Era el primer día de clases, el profesor llegó temprano, acomodó las sillas, escribió su nombre en el pizarrón y esperó a que entraran sus estudiantes. Mientras observaba cómo el salón comenzaba a llenarse de voces, mochilas y sonrisas nerviosas, una niña se acercó y le preguntó:

—Maestro, ¿usted desde chiquito quería ser maestro?

La pregunta lo tomó por sorpresa, estuvo a punto de responder de inmediato, pero algo lo detuvo. Recordó a aquella profesora que creyó en él cuando dudaba de sí mismo, recordó las tardes jugando a dar clases con un viejo cuaderno, recordó también los momentos en que pensó abandonar la carrera porque parecía demasiado difícil, recordó a sus primeros alumnos y todo lo que habían cambiado su manera de entender la vida.

Sonrió, entonces respondió:

—Sí... aunque ahora creo que la verdadera respuesta la sigo descubriendo cada día.

La niña sonrió también.

—Qué bonito.

Y regresó a su lugar, pero el maestro ya no pudo dejar de pensar en aquella pregunta durante el resto de la jornada.

¿Por qué importa esta pregunta?

Con el paso de los años es fácil acostumbrarse al ritmo de la escuela. Las planeaciones, las reuniones, las evaluaciones, los informes y las preocupaciones cotidianas pueden ocupar tanto espacio que, casi sin darnos cuenta, olvidamos el origen de nuestro camino. Sin embargo, toda vocación necesita regresar de vez en cuando a su punto de partida.

Recordar por qué decidimos ser maestros no es un ejercicio de nostalgia, es una manera de reconectar con el sentido profundo de nuestro trabajo. Quien recuerda el motivo de su elección también encuentra nuevas razones para permanecer, crecer y servir.

Los estudiantes necesitan docentes preparados, pero también necesitan docentes que no hayan perdido el significado de aquello que hacen, porque el entusiasmo auténtico no puede fingirse: se transmite.

Volver a esta pregunta es volver a la fuente. Matthew Lipman nos invitó a comprender que pensar comienza cuando nos atrevemos a formular preguntas auténticas. Quizá la primera pregunta que un docente debe hacerse no sea sobre sus estudiantes, sino sobre sí mismo.

UNA INVITACIÓN PARA ESTA SEMANA

Busca un momento de tranquilidad y escribe, en una sola página, la historia de por qué decidiste ser maestro.

No pienses en un texto para entregar ni para publicar, escríbelo únicamente para ti.

Después, al finalizar cada jornada escolar de esta semana, vuelve a leer esas palabras durante unos minutos y pregúntate: ¿Lo que hice hoy honra la razón por la que un día decidí dedicar mi vida a enseñar?