¿Y TÚ, QUÉ PIENSAS?
Hay una pregunta que pocas veces hacemos a nuestros estudiantes con verdadera intención de escuchar la respuesta: ¿Y tú, qué piensas?
IDEAS
José Reyes Olvera
8/29/20262 min read


Una puerta de entrada a la Filosofía para Niñas y Niños
Hay una pregunta que pocas veces hacemos a nuestros estudiantes con verdadera intención de escuchar la respuesta: ¿Y tú, qué piensas?
Parece una pregunta sencilla. Sin embargo, cuando la hacemos de verdad, contiene una profunda apuesta educativa: reconocer que niñas y niños tienen algo que decir, que pueden construir razones, cuestionar, imaginar, disentir, escuchar a otros y transformar sus propias ideas.
De eso trata, en buena medida, la Filosofía para Niñas y Niños, pero antes de explicarla, quizá convenga vivirla.
Imaginemos que mostramos a un grupo de docentes una imagen ambigua y solamente les decimos: “Miren.”
Después preguntamos: “¿Qué ven?”
Aparecen respuestas distintas, entonces surge una segunda pregunta: “¿Todos estamos viendo lo mismo?”
Poco a poco descubrimos algo importante: mirar no es solamente observar. También interpretamos, relacionamos, inferimos, cuestionamos y construimos significados.
Ahí comienza el pensamiento. Pensar no consiste únicamente en tener ideas, pensar implica poner en juego capacidades que podemos desarrollar y mejorar: comparar, clasificar, relacionar, preguntar, inferir, explicar, argumentar, imaginar posibilidades, evaluar razones, considerar consecuencias y tomar perspectiva.
Pero pensar bien no significa solamente pensar de manera crítica, el pensamiento es multidimensional.
El pensamiento crítico nos ayuda a preguntar, analizar, buscar razones, reconocer supuestos y evaluar argumentos.
El pensamiento creativo nos permite imaginar alternativas, establecer conexiones, generar posibilidades y mirar una situación desde otros ángulos.
El pensamiento cuidadoso nos recuerda que pensar también implica valorar, escuchar, reconocer al otro, considerar consecuencias y cuidar nuestras palabras y nuestras relaciones.
Y el pensamiento colaborativo nos permite descubrir algo esencial: también podemos pensar con otros. Una idea diferente puede modificar la nuestra, enriquecerla o ayudarnos a descubrir algo que no habíamos visto.
Por eso, Filosofía para Niñas y Niños no consiste en enseñar a los estudiantes una colección de conceptos filosóficos. Tampoco consiste simplemente en hacerlos conversar; consiste en crear las condiciones para que puedan filosofar.
Es decir, encontrarse con preguntas significativas, construir razones, escuchar otras perspectivas, cuestionar sus propias ideas y participar en una comunidad donde pensar juntos sea posible.
En ese proceso, el papel del docente también cambia. Ya no se trata solamente de transmitir respuestas, sino de facilitar experiencias de pensamiento: preguntar, escuchar, pedir razones, recuperar las ideas de los estudiantes, ayudar a relacionarlas y crear un ambiente donde sea posible decir “no estoy de acuerdo” sin dejar de escuchar al otro.
Quizá ahí se encuentre una de las mayores riquezas de la Filosofía para Niñas y Niños: descubrir que el aula puede convertirse en un lugar donde el pensamiento de cada estudiante importa, porque cuando un niño descubre que sus preguntas son importantes, que sus razones merecen ser escuchadas y que puede cambiar de opinión sin sentirse derrotado, algo comienza a transformarse.
Entonces comprendemos que filosofar no es aprender respuestas difíciles. Es aprender a detenerse, preguntar, escuchar, pensar, imaginar, argumentar y volver a mirar.
Y quizá todo pueda comenzar con una pregunta tan sencilla como profunda: ¿Y tú, qué piensas?


